Te comparto lo poco que soy,
te regalo mis erratas, para que las hagas mínimas y que no me duelan tanto
como ahora que me descarnan.
Te comparto mis miedos, para que me hagas fuerte y no vuelva a caer.
Te doy mis momentos felices y los infelices que son más y llevan tu nombre.
Aunque ya no sé si valga la pena este dar,
este sentir, este estar a la espera.
Porque aún me duele y nos engañamos fingiendo un olvido...
…aunque pensándolo bien, -también compartamos esta mentira de dejarnos.
Te compartiré mi confusión; la que me das, la incertidumbre de volver al abismo incierto
de unos labios que no terminan de unirse, ni de separarse.
Toma la parte que te toca de mi cuerpo mutilado, que está aprendiendo seguir
a olvidarte, a compartirse a seres de una noche que no me piden más
a los que no me roban, ni prometan quimeras…
a cuerpos a los que no me ate, ni les dé nada..
Con la ínfima parte que me quede, aprenderé a saberme viva, renacida cual fénix
me daré a quien no me vacíe...porque ya te di todo y al fin...qué quedó…
… ni tu ni yo lo sabemos.
viernes, 8 de octubre de 2010
martes, 5 de octubre de 2010
El placer de los sueños...

Cuentan las leyendas urbanas que las puertas del infierno se abren de doce a cinco de la mañana, que estas puertas son los espejos y no debes verte en ellos porque las almas azotadas te absorberán la conciencia y el alma. A mía esas leyendas no me asustan, ni siquiera las creo. Me dedico al negocio de los vidrios y espejos, nunca he podido soñar así que no creo tener conciencia no alma. Yo nací hace ya muchos años, a los siete meses, dicen quienes me conocieron que era muy pequeñito y que estuve a punto de morir (debí haber muerto) me pusieron en la incubadora por varios días hasta que aprendí a respirar y vivir por mí mismo, el haber estado tanto tiempo el ella me absorbió la conciencia de los sueños.
Después fui creciendo lentamente, a los cinco años ingresé a la escuela, me parecía que todos los niños éramos iguales, pero yo no era igual a todos, ellos hablaban de lo que soñaban y yo no tenía la menor idea de lo que eran los sueños pues nunca los había sentido.
Hay tantas preguntas que me han atormentado desde entonces ¿Qué son los sueños? ¿Qué se siente soñar? ¿Es parecido a la imaginación? – No lo sé, soy capaz de imaginar muchas cosas, pero nunca he sentido lo que es un sueño. Por casualidad una noche creí encontrar la solución adecuada a mi problema, yo dormía a lado de mi madre cuando me despertó la luminosidad de su sueño reflejado en el espejo. Desde entonces robar los sueños ajenos e irlos coleccionando en esquirlas se ha convertido en mi obsesión. Entro en las habitaciones de las personas y espero a que sueñen, justo cuando su sueño se refleja en espejo yo lo tomo.
Hoy esa chica se presentó al negocio, me pareció hermosa y decidí entrar a su habitación y en sus sueños. A simple vista su pequeña habitación de persianas descorridas parece normal, al lado derecho pegada a la pared, su cama, al lado izquierdo una vieja mecedora y enfrente un enorme espejo oval que refleja la austeridad de la habitación, su cuerpo duerme plácidamente en la cama. Por la ventana las sombras del árbol se reflejan aterradoras. Son las dos pasadas de una noche de viento pesado y densos olores. La manta deja ver solo un tajo de piel tersa, resplandeciente con matices dorados por la luz de la madrugada, su abdomen sube y baja con un movimiento hipnotizante, brillantes mechones negros cubren casi la mitad de su hermoso rostro.
Dos y quince y todo sigue tranquilo, ella sigue dormida, y yo paralizado percibiendo su tranquilo sueño, siento lástima por ella, casi compasión, (¿o casi amor?). Cómo es posible que su mundo esté a punto de desmoronarse frente a su cama y ella siga sin siquiera inmutarse. La luz empieza a tornar de colores el espejo, que refleja fielmente matices del rojo y el azul, casualmente el viento sopla con más fuerza casi arrancándole las hojas al árbol, un leve zumbido cruza el aire.
El espejo se tambalea un poco y una pequeña esquirla cae a mis pies. Salgo rápidamente antes de arrepentirme y me voy a mi estudio, entro al sótano y hace mucho frío, casi a tientas logro encontrar el encendedor y la luz lastima un poco mis ojos, sé que va hacer otra noche larga, así que decido hacer un poco de café para mitigar las ansia y el frío que me recorre los huesos, mientras espero a que esté listo meto las manos a mi bolsillo y ahí sigue mi tesoro, un pequeño pedacito de espejo, el agua comienza a hervir y rápidamente el aroma del café impregna la habitación, me sirvo una taza y me voy a sentar a mi sillón preferido, uno mullido que está frente a mi más enorme obra de arte, una gran cortina que una esquirlas de cristal unas con otras como si fueran eslabones de cadenas, casi me parece estar de camping bajo una noche estrellada, la luz que reflejan es como ver millares y millares de estrellas lejanas.
Mi única pasión es formar poco a poco la hermosa cortina que está frente a mí. No cubre nada, ni da a ninguna salida secreta, solo yo sé hasta donde me puede llevar y el enorme poder que ejerce en mí. Está hecha de los trozos de espejo que he ido recolectando. A mí me parece casi mágico, cuando le da un poco de luz comienza a reflejar un arcoíris destellante, es una mezcla de colores indescriptibles, son los colores de las conciencias y los sueños. Al observarla me empiezo a sentir en medio de una niebla, una bruma que se adhiere a mi piel, y siento como el calor recorre mi cuerpo, va subiendo como un leve cosquilleo por mis piernas, sigue por mi espina dorsal. Es una sensación de tibieza, que poco a poco va llenando mi cuerpo y me olvido del tiempo, cuando por fin las luz y la bruma llegan a mi mente las imágenes se van formando como una película de 24 cuadros por segundo, pero al igual que en las películas yo no puedo percibir los aromas, las sensaciones o el temor en mi cuerpo. Veo sí sueños, los sueños que he ido robando. Los tengo de todos tipos, así que me puedo el lujo de escoger cual quiero ver. Sé también que solo los puedo ver, porque realmente nunca los he podido vivir.
Me he terminado el café y sigo sentado incapaz de moverme, la película hipnótica me aburre, estoy harto de ser solo espectador, quiero sentir el poder que ejerce en el cuerpo un sueño, quiero aterrarme con una pesadilla o saborear una victoria quimérica que solo se logra en los sueños.
Hoy por fin decido terminar con esta farsa, hoy voy a sentir los sueños en mi piel, en mi cuerpo, hoy voy a soñar.
Me voy incrustando lentamente las esquirlas en mis muslos, mis brazos, en todo mi cuerpo, hilos carmín corren por mi piel. Estoy totalmente cubierto de cristal, soy un cuerpo iridiscente con un fondo rojo carmesí. Ya estoy soñando y sueño con la muerte que me está esperando.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)