lunes, 30 de mayo de 2011

Cadáver exquisito F-M…Irónicamente; como el destino, es el cadáver que nos quedó.



De brisa, añejada en el justo medio de un suspiro, caen las cosas, se levantan, giran en el espacio moribundo.
Respiro, escribo y maldigo versos que se me niegan y cercenan la conciencia en un tumulto acuoso de mi ser, en el filo reblandecido de mi alma, que al aspirar volutas, se derrama y al final qué más da, me obligo y me lo callo para que mi lengua muda, no babélica, forme un poema de silencio en tu resplandeciente seno, hecho manantial para mi sed. Absenta y mutis, todo en uno… piel y el resplandor del ocaso...un quizá que formará nueva alba, afirmando la coronación de nuestros cuerpos extraños y ajenos, divergentes reptando por el tiempo hasta desembocar...
En un gemido que mute en fuego, en desbocado vaivén, ondulantes pieles en lucha los ojos puestos en pupilas reflectantes, en un giro violento que nos deja frente a frente ante la imprecisión fríamente calculada de sabernos el reflejo de la encrispada brisa, que levanta tus brazos y moldeado tu cuerpo, hasta donde se encuentra la cima del espejo, donde animo implorando tu visión de nuevo el mutis y el frío, piel que se eriza mientras tu figura se cuela hasta impregnarme con el sabor de lo conocido.
En mi deleite de espuma y barro, donde multiplico mis juicios para volver polen y salmo a cantar en tus paredes entrecierro los ojos y me entrego al surcar del oleaje de antes de volver a la cotidianeidad de una boca que esconde los más sublimes misterios.

FOTO: emv

martes, 17 de mayo de 2011

No es necesario el estudio prototípico: sí andabas por entre las letras…


Necesito que me ames, que me palpes,
que me escribas y describas.
Necesito saber que estoy;
no solo en ti, sino en cada letra que emanes.
Ser yo quien habita en tu cuerpo
la que lleves en tus manos.
A quien le admires los triunfos, los errores… simplemente la cotidianidad,
simples y llanos hechos en los que acompañas.
Necesito que me enseñes a ver a través de tu tacto,
a desalojar los fantasmas de mi cuerpo y desalojarlos del tuyo.
que me hagas entrevistar con Dios, viéndolo de frente a los ojos.
Necesito ser yo quien se esconda en tu costilla
y repte por las cicatrices de tu cuerpo y tu pasado.
Necesito que estés en el escalofrío de mi cuerpo,
en la humedad que no es mía… es tuya.
Necesito ser etérea y eterna en tu memoria,
saber que el destino puede ser burlado
y que el tiempo impreciso jugará a nuestro favor.

FOTO: emv

viernes, 6 de mayo de 2011

Fe de erratas: Los constantes exámenes del alma


Si el estar y el no estar fueran tan distintos como dicen, no los odiaría, no serían necesarias tantas disquisiciones al respecto.
Si los sentimientos que suben del estómago a la garganta; se arremolinan en la mente y oprimen el cuello, se calmaran con discursos, yo viviría aletargada en la soledad de la fantasía. Pero no, nada de eso es cierto, la felicidad no está donde indica el mapa y el ardor del llanto no lo apagan las lágrimas, ni siquiera otro cuerpo. El deseo no es tan carnal como parece y el amor no todo lo puede, la sed no la calman los besos, ni se sacia en otras bocas. -Agua, agua es la solución, para qué buscar las soluciones donde no se esconde ni siquiera la duda, para qué andar a rastras -Para qué apostarme, pero para qué se busca perder y por qué perder más si todo estaba perdido desde antes…y por qué tantos paras y peros, si ya todo esta hecho.
Si fuera un poco menos contradictoria y me decidiera por un bando y lo defendiera hasta descarnarme; que al fin si no lo defiendo igual terminaré descarnada. Pero los sentimientos son esos fardos que nunca he sabido dónde guardar, mucho menos ahora cuando se han arraigado tanto y de pronto se han adueñado de mí; y están justo aquí muy dentro, y debo despojarlos de todo aliento que me acarició los labios. Si los tiempos de Dios fueran perfectos, el creer no me arrancaría la fe en las palabras y confiaría en que todas fueron verdad.
No es necesario dar tantas vueltas si al final la vida te pone en el mismo punto, y el destino termina riendo a carcajadas de la estupidez que cruzó por tu mente cuando creíste haber ganado la partida, pero el As no apareció y el juego estaba perdido desde antes.
Si el estar y no estar, y el ser y no ser no fueran tan distintos. Si no existieran los lugares y el amor no se tuviera que medir, no serían necesarias tantas disquisiciones, ni andaría hoy como Gretel descorriendo el camino, entre migas y sal.

FOTO: emv