viernes, 6 de mayo de 2011

Fe de erratas: Los constantes exámenes del alma


Si el estar y el no estar fueran tan distintos como dicen, no los odiaría, no serían necesarias tantas disquisiciones al respecto.
Si los sentimientos que suben del estómago a la garganta; se arremolinan en la mente y oprimen el cuello, se calmaran con discursos, yo viviría aletargada en la soledad de la fantasía. Pero no, nada de eso es cierto, la felicidad no está donde indica el mapa y el ardor del llanto no lo apagan las lágrimas, ni siquiera otro cuerpo. El deseo no es tan carnal como parece y el amor no todo lo puede, la sed no la calman los besos, ni se sacia en otras bocas. -Agua, agua es la solución, para qué buscar las soluciones donde no se esconde ni siquiera la duda, para qué andar a rastras -Para qué apostarme, pero para qué se busca perder y por qué perder más si todo estaba perdido desde antes…y por qué tantos paras y peros, si ya todo esta hecho.
Si fuera un poco menos contradictoria y me decidiera por un bando y lo defendiera hasta descarnarme; que al fin si no lo defiendo igual terminaré descarnada. Pero los sentimientos son esos fardos que nunca he sabido dónde guardar, mucho menos ahora cuando se han arraigado tanto y de pronto se han adueñado de mí; y están justo aquí muy dentro, y debo despojarlos de todo aliento que me acarició los labios. Si los tiempos de Dios fueran perfectos, el creer no me arrancaría la fe en las palabras y confiaría en que todas fueron verdad.
No es necesario dar tantas vueltas si al final la vida te pone en el mismo punto, y el destino termina riendo a carcajadas de la estupidez que cruzó por tu mente cuando creíste haber ganado la partida, pero el As no apareció y el juego estaba perdido desde antes.
Si el estar y no estar, y el ser y no ser no fueran tan distintos. Si no existieran los lugares y el amor no se tuviera que medir, no serían necesarias tantas disquisiciones, ni andaría hoy como Gretel descorriendo el camino, entre migas y sal.

FOTO: emv

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