De brisa, añejada en el justo medio de un suspiro, caen las cosas, se levantan, giran en el espacio moribundo.
Respiro, escribo y maldigo versos que se me niegan y cercenan la conciencia en un tumulto acuoso de mi ser, en el filo reblandecido de mi alma, que al aspirar volutas, se derrama y al final qué más da, me obligo y me lo callo para que mi lengua muda, no babélica, forme un poema de silencio en tu resplandeciente seno, hecho manantial para mi sed. Absenta y mutis, todo en uno… piel y el resplandor del ocaso...un quizá que formará nueva alba, afirmando la coronación de nuestros cuerpos extraños y ajenos, divergentes reptando por el tiempo hasta desembocar...
En un gemido que mute en fuego, en desbocado vaivén, ondulantes pieles en lucha los ojos puestos en pupilas reflectantes, en un giro violento que nos deja frente a frente ante la imprecisión fríamente calculada de sabernos el reflejo de la encrispada brisa, que levanta tus brazos y moldeado tu cuerpo, hasta donde se encuentra la cima del espejo, donde animo implorando tu visión de nuevo el mutis y el frío, piel que se eriza mientras tu figura se cuela hasta impregnarme con el sabor de lo conocido.
En mi deleite de espuma y barro, donde multiplico mis juicios para volver polen y salmo a cantar en tus paredes entrecierro los ojos y me entrego al surcar del oleaje de antes de volver a la cotidianeidad de una boca que esconde los más sublimes misterios.
FOTO: emv
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