A Miguel Muñoz
Olvido por qué te llevas los días, que con dolor y ahínco sudó. Por qué te llevas los pasos que recorrió bajo el sol ardiente. Las noches de insomnio, los días de gloria, sus ancestros, sus descendientes. Te llevas su camino; y con él el mío. Olvido no ves que su vida se disuelve entre tus manos, su conciencia se convierte en humo y ceniza. No queda nada; sólo, fracturas de un sino que no debió ser. Por qué le haces decrecer cada mañana, cada noche; y al final devienes en nada, dejando sólo rescoldos.
-¿Olvido, acaso no hay suficiente sacrificio para ti?





