martes, 23 de agosto de 2011

Sola...

Bajo noches de orfandad
voy caminando por mi cuerpo desnudo;
mis dedos, cual sigilosas redes
atrapan volátiles mariposas.
Sofocantes sensaciones entrevuelan
anegando mis poros.
Trepidantes, mis manos avivan las ansias,
incitan la muscular cadencia
para terminar en indómito monte,
entre lúdicas caricias y humedad que quema.
Raudal de llamas es mi cuerpo,
quemante como el frío glaciar.
Y despierta mi vientre enrarecido
bajo el estigma sagrado
de la fecunda excitación...




FOTO: emv

jueves, 18 de agosto de 2011

[Tomado de Fe de Erratas] Pistas para un estudio…






Retomo mis palabras y asevero, “El destino siempre es un animal agazapado y en guardia, esperando el momento exacto; que siempre es el peor, para saltar con sus zarpas y rasgarle la vida a uno.”… Creo que al escribir esto no le presté demasiada atención, si no hasta párrafos más abajo; y esa canción sonándome al oído, cuando me di cuenta de que mi subconsciente emergió para traicionarme.
Parece que hoy los sentimientos se me han puesto en contra y me han volteado las ideas, la pantomima que venía manejando desde hace meses se me cayó, resbaló al igual que el gajo de humedad por mi mejilla.
En verdad el destino es un animal a la espera del momento adecuado para atacar y dejarte allí a su merced. Te da vueltas a su antojo como el depredador a su presa, sangrándote de a poco. Así me tomó a mí y me dio una revolcada, donde una reunión de trabajo terminó brindándome muchas buenas anécdotas y recuerdos, incluyendo su final anunciado (desde el inicio) y la siempre infalible melancolía. La misma que me acompañó desde aquel mediodía cuando deseé sentir sobre mi cuerpo el peso de las aguas de la laguna de Zapotlán, por el simple hecho de cristalizar el momento, esa con que él me adivinó la razón del porqué veía desde la cumbre una ciudad en calma por ese sol pesado de abril y, la misma con que me mordí los labios al decir no podré.
El destino me anunció aquel mediodía que sería yo quien terminaría por abandonar todo, con las razones justas y el desacierto en la piel lo hice después. Me permití la tristeza unos días y luego me entregué al teatro de la reinvención cotidiana.
Pero hoy que las palabras me han jugado una dura broma, me doy cuenta que el destino esperó al peor momento para cazarnos; el del destiempo y el hubiera, el que se une con el -Ya qué, ya todo está hecho. Además de la melancolía, el destino depredador también me dejó cosas buenas: el embrujo del riesgo y no el a dónde ir. Anécdotas y la historia de un pueblo yerto sin otra música que el clamor de las campanas; que le tocan a la cantera. Me dejó el desahogo de un llanto contenido quizá por años, el redescubrimiento de mi cuerpo, el camino hacia la media luna, un llano y un domingo de ramos bastante peculiar, un cadáver que me encanta y a un Joaquín Echeveste, con sus ínfulas de pirómano.
Me dejó palabras jamás pronunciadas…




Lo peor, que también me dejó un repentino odio hacia Arreola, a Rulfo y a Yáñez, sobre todo a Yáñez…

FOTO: emv

martes, 16 de agosto de 2011

Fragmentos...

Dos cuerpos que se buscan, que por su propia búsqueda se evitan, sin embargo cuando se encuentran se unen en una lucha por hacerse uno. Forman una explosión sideral perteneciente y anhelante de sí. Saben que siempre existe el camino que los lleva de nuevo a ellos.
Bailan en un vaivén de piel. Saliva hecha una en unos labios que no se separan, unas manos que recorren el cuerpo ajeno como si fuera propio, que hacen del otro a su espacio y magnitud. Son luminosidad de sudor y humedad nacida de sí y para sí.
Un par de cuerpos hechos brisa y mar. Dolientes dedos entrecruzados en el justo momento en que todo estalla, cuando una corriente eléctrica recorre provocando una y otra vez sobrevenidas de calor, oleajes venidos desde el interior. Espiral infinito hacía Dios, muerte que deviene en vida, egoísmo compartido.
Obscena imagen es aquella por la mezcla de orgullo, deseo y carencia. Par de cuerpos que minutos antes se rehuían y al fin acaban de darse cuenta que se necesitan para existir, para complementarse en el bullicio de voces, moscas y alacranes de su locura prescrita.
Seno tibio es aquel que se brindan el uno al otro, cavidades hechas a medida, temblor, dientes indecisos.
Son incendios y ceniza, rastros de unas uñas obligadas a clavarse por la comunión perfecta entre los cuerpos, por los tiempos, por la cadencia de los movimientos precisos. Piernas entrecruzadas, manos que surcan la piel del otro, suben por la espalda. Bajan por la pelvis deteniéndose allí, justo en el centro donde todo es progresión incalculable, renaciente una y otra vez.
Labios que se detienen en la boca; sintiendo el sabor del otro, perpetuando ese instante, mientras la fuerza exacta quiebra el silencio de las pupilas en un gemido que se escapa entre los besos.
Dos cuerpos vencidos, una respiración que se pausa y se vuelve rápida, que se mezcla con medias palabras y gemidos. Jadeos que terminan haciéndose oración. Son mar, humedad y sal…olas que rompen y se hacen el amor en marejada, que más que amor ya no es mas que llano deseo sin dobleces.


FOTO: emv

miércoles, 3 de agosto de 2011

[Tomado de Fe de Erratas] Ínfima perpetuidad



[…] Que veinte años no es nada, que febril la mirada, errante en las sombras, te busca y te nombra.
Vivir...con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez...



Muchos años y unas palabras que me han puesto nerviosa, sudorosa, con una emoción postergada.
Un dulce recuerdo… una voz, unas palabras que me apropié desde entonces. Deambulando por la pasión, por un solo amor que duele mucho más que los desamores, sexo, fantasía, desilusiones y anunciadas lágrimas. Sentimientos y palabras que hice mías, apropiándome de todas y cada una de ellas las fui reescribiendo, me fui reinventando a partir de allí.
Hoy; ayer o antier da igual, surgió el mismo deseo, ese que empezó hace años y recomenzó con unas palabras que quise para mí e inicie para él hace meses, pero que de repente el azar me cambió de rumbo y terminé donde menos me lo imaginaba; con alas, fe y corazón rotos de por medio.
Pero al fin hoy el mismo anhelo vuelve a tomar su curso, el de querer estar en el entrelineado de sus hojas sueltas, de ser deseada y tomada por él, de sentir sobre mí esos labios que alguna vez inquietaron mi piel con tan solo escucharlo, de calibrar sus manos sobre mi cuerpo con el mismo ardor con que lo imagine desde la primera vez, de escuchar susurros y palabras rebuscadas en mi oído. De probar el sabor de su lengua y su saliva para quemarme en la tinta de sus letras.
Deseos de sentir su cuerpo; sobre o debajo del mío, para luego ver el ocaso mientras nos perdemos en alguna historia que algún día nos pertenecerá, mientras tanto volvemos a hacer el amor.
Resurgen las ganas de abrir uno a uno los botones de su blanca camisa, de que él abra mis sentidos y penetre en mis heridas, para arder en hogueras de febriles miradas y caricias, que una a una hilen versos de despertares mientras nosotros acabamos rendidos y compartidos en medio de la noche como consorte de la poesía...