miércoles, 3 de agosto de 2011

[Tomado de Fe de Erratas] Ínfima perpetuidad



[…] Que veinte años no es nada, que febril la mirada, errante en las sombras, te busca y te nombra.
Vivir...con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez...



Muchos años y unas palabras que me han puesto nerviosa, sudorosa, con una emoción postergada.
Un dulce recuerdo… una voz, unas palabras que me apropié desde entonces. Deambulando por la pasión, por un solo amor que duele mucho más que los desamores, sexo, fantasía, desilusiones y anunciadas lágrimas. Sentimientos y palabras que hice mías, apropiándome de todas y cada una de ellas las fui reescribiendo, me fui reinventando a partir de allí.
Hoy; ayer o antier da igual, surgió el mismo deseo, ese que empezó hace años y recomenzó con unas palabras que quise para mí e inicie para él hace meses, pero que de repente el azar me cambió de rumbo y terminé donde menos me lo imaginaba; con alas, fe y corazón rotos de por medio.
Pero al fin hoy el mismo anhelo vuelve a tomar su curso, el de querer estar en el entrelineado de sus hojas sueltas, de ser deseada y tomada por él, de sentir sobre mí esos labios que alguna vez inquietaron mi piel con tan solo escucharlo, de calibrar sus manos sobre mi cuerpo con el mismo ardor con que lo imagine desde la primera vez, de escuchar susurros y palabras rebuscadas en mi oído. De probar el sabor de su lengua y su saliva para quemarme en la tinta de sus letras.
Deseos de sentir su cuerpo; sobre o debajo del mío, para luego ver el ocaso mientras nos perdemos en alguna historia que algún día nos pertenecerá, mientras tanto volvemos a hacer el amor.
Resurgen las ganas de abrir uno a uno los botones de su blanca camisa, de que él abra mis sentidos y penetre en mis heridas, para arder en hogueras de febriles miradas y caricias, que una a una hilen versos de despertares mientras nosotros acabamos rendidos y compartidos en medio de la noche como consorte de la poesía...

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