martes, 25 de octubre de 2011

Fragmentos II...

Allí estaban. Hablando sin hablarse muy de cerca, a penas susurrándose palabras al oído. Dibujándose en pupilas ajenas, jugando con sus bocas, mordiéndose, entibiándose labios, probándose las lenguas y haciéndose al sabor del otro. Comenzando y recomenzándose las líneas del cuerpo hasta acabar en el mismo punto de partida. De pronto alguno de los dos rompe el juego y pregunta.

—¿Será acaso masoquismo puro? Preguntó él.
—¡Yo qué sé! Respondió ella, esquivando la mirada.

Pero lo sabía y calló. Lo vio a los ojos y sonrió, mientras le sujetaba las manos y le mordía suave y juguetonamente las yemas de los dedos. Le gustaba y lo quiso negar. Pero no podía ocultar la forma en que le excitaba sentir su mano sujetándole el cuello; encajándose, cortándole la respiración; inflamándole justo el polo opuesto del cuello, mientras sus labios le asfixian la boca. Y la otra mano naufraga en la humedad de su piel, dibujando trazos a capricho suyo, que la hacían estremecer. Esas manos que la habían hecho pensar muchas veces como sería morir entre dedos animales, salvajes, trémulos de excitación. Había pensado tantas veces como sería perpetuar esa pequeña muerte que la hacía sentir de a ratos. Le gustaba sentirse abrazada, oprimida, sofocada entre sus manos, hasta escuchar el “crack” de sus huesos en el abismo del silencio, mientras rastros magenta quemantes como símbolos de propiedad, que no pertenecían más que al momento mismo. Le excitaba y volcaba a sublime, cuando le rasguñaba la espalda dejando rastro de sus dedos. Cuando mordía su pecho y sus dientes quedaban tatuados en violáceo color como símbolo inextinguible. Le excitaba sentir esa boca de hombre fiero en su delicado cuerpo.

Masoquistamente puro es sucumbir ante ti, es el hecho de cuando me besas la frente y tus pupilas se clavan en mis ojos, o cuando acaricias la línea de mi espalda y susurras que sudo justo antes de temblar, o cuando burlonamente me prohíbes desmayarme en tus brazos ya estoy sometida ti. Contestó ella sin prestar más atención alrededor.

De pronto un sonido sordo rompió el silencio, el cuerpo de una mujer cayó al piso. En su cuerpo unas líneas magenta, en su cuello unas huellas dactilares aún hechas surco. Y en su rostro una sonrisa imborrable de quien se sabe muerta a placer.

sábado, 22 de octubre de 2011

Entonces…Dame las instrucciones



¿Cómo me dices que no es cierto?
Si nunca estuviste en mí,
si nunca sentiste el ardor
de la carne al hierro,
y el sabor de la sangre.

¿Cómo me dices que no sé amar?
Si nunca has sentido el desierto de mis entrañas,
si nunca viste como agoté mi credo
que perdí mi gurú, a mí, a ti,
y disequé mis sueños.

¿Cómo me dices que me quede?
Si nunca advertiste el vacío de mis constelaciones,
si nunca paladeaste la sal
de todas mis quimeras,
y de cada llanto.

¿Cómo me dices que no me vaya?
Si nunca nací realmente,
si nunca estuve contigo,
-créeme, esa no fui yo.
¡Y decías conocerme!

¿Cómo pretendes que siga?
-¡no me ates!  
                    Déjame ir

FOTO: emv

viernes, 14 de octubre de 2011

En la inmensidad del silencio...



En silencio, a mitad de la noche,
posa tu luz acechante
en mis labios entreabiertos
          —circúndalos, dibújalos.
A oscuras, callado,
ahoga mis sentidos.
Desprende los aromas
de mi piel inalcanzable,
exhalante, suplicante
          —ábrela, bébela.
Como resplandor vibrante
ilumina mis resquicios
viértete en ellos y sus caminos,
desliza el húmedo sopor
de tus callados apetitos
          —llénalos, sácialos.
Entre relámpagos y tormentas
provoca espasmos de universo,
crea un maridaje de alientos
y un soplo de incendios
          —sácialos, abrásalos, inflámalos.
En la inmensidad del silencio
vuelve e incendia mi cuerpo.

FOTO: emv

lunes, 10 de octubre de 2011

Lo confuso de mi ser...

[…] algo dentro de mí inextirpable / algo que se retuerce y que no se detiene / y que hará que ahora vuelva a repetirlo.
 
Existen canciones que angas o mangas me vienen en el momento justo.
Hoy desperté en medio de una lluvia raquítica, una neblina deslucida y un juego sarcástico de hormonas. Me fue necesario arrastrarme (con lujo de violencia psicológica) fuera de la cama para iniciar el ritual diario y encaminarme a trabajar.
Desde el primer momento se auguraba un lunes larguísimo y a mitad del día hubiese negociado mi alma para escapar de él, o de mí, que creo es lo más conveniente y cuerdo que podré intentar hacer un día de estos. Perdida en algún sitio de mi mente pensando en los pros y contras de cualquier cosa que mañana será trivial, mezclé los temores del pasado y los del futuro, hasta caer de bruces en mi propio discurso dialéctico, dándome cuenta que soy esclava de un biorritmo y del hecho de ser mujer. Hubo un momento que quise poder llorar, pero no pude, me odie en demasía por ser mujer y opté por consolarme dándome un mal discurso retórico para continuar con mi día.
Allí, perdida en algún lugar a media mañana hice el recuento de mis erratas; que día a día se acumulan, y caí en la conclusión de que tengo una enferma relación conmigo misma. De que estoy hecha de piezas que se unen, forjando nuevas inseguridades y sigo sin lograr entender el por qué de este siempre caminar errante, que me lleva de tumbos por el día a día. Palpé mi ignorancia, cobré conciencia de todo cuanto carezco, lo que he tenido, lo que he perdido y lo poco que soy ante esta universalidad de seres. Si fuera más fácil el desprendimiento de mí, de estos o de aquellos. Si no esperara, ni hiciera de letras los castillos, si olvidara la influencia decimonónica y me adhiriera a la practicidad, los días grises serían más fáciles de sortear, pero me trabo y termino confundiéndolo todo. Me agazapo en el pasado, me recluyo en mi zahúrda y me ahogo de recuerdos. Me quedo callada ante los discursos, atragantada con las palabras que no pronuncié, con las cosas que no hice y con las otras que sí, con el miedo de no haber sido… qué, no lo sé, simplemente no haber sido suficiente.
Me hago y creo en promesas que no sé a dónde irán, si son simples palabras nómadas o que quizá si conduzcan a un sitio futuro, pero siempre he temido a lo desconocido (costumbre rabiante y femenina).
Aunque también hoy en medio de la vorágina hormonal cobré conciencia de que hay demasiadas cosas que no puedo negar, perder o dejar de largo. Por ejemplo, no quiero perderme de un mundo donde ser mujer me brinda un sinfín de estatus y sentimientos en un solo día. Cosa que puede ser provechosa para alguien que goza de la melancolía… es algo inextirpable.

FOTO: Maritza López Navarro

miércoles, 5 de octubre de 2011

Fuego en el fuego…



…a través de densas fragancias
emanantes de si para sí.
Ambiente inundado de almizcle;
olor primitivo, naciente de pieles ajustadas,
moldeadas a tiempo y espacio
guardando la inmensidad.
De hinojos… fundidos, estremecidos,
embriagados de labios en piel.
Gotas pesadas de saliva
cayendo en lenguas sedientas,
fragantes de caprichos babélicos.
Amantes confesos,
hechos a conveniencia.
Madeja ensamblada de caricias,
roces de cuerpos destemplados
que navegan en olas ingobernables
de opulentas noches gastadas
en la huella de la encendida piel…