lunes, 10 de octubre de 2011

Lo confuso de mi ser...

[…] algo dentro de mí inextirpable / algo que se retuerce y que no se detiene / y que hará que ahora vuelva a repetirlo.
 
Existen canciones que angas o mangas me vienen en el momento justo.
Hoy desperté en medio de una lluvia raquítica, una neblina deslucida y un juego sarcástico de hormonas. Me fue necesario arrastrarme (con lujo de violencia psicológica) fuera de la cama para iniciar el ritual diario y encaminarme a trabajar.
Desde el primer momento se auguraba un lunes larguísimo y a mitad del día hubiese negociado mi alma para escapar de él, o de mí, que creo es lo más conveniente y cuerdo que podré intentar hacer un día de estos. Perdida en algún sitio de mi mente pensando en los pros y contras de cualquier cosa que mañana será trivial, mezclé los temores del pasado y los del futuro, hasta caer de bruces en mi propio discurso dialéctico, dándome cuenta que soy esclava de un biorritmo y del hecho de ser mujer. Hubo un momento que quise poder llorar, pero no pude, me odie en demasía por ser mujer y opté por consolarme dándome un mal discurso retórico para continuar con mi día.
Allí, perdida en algún lugar a media mañana hice el recuento de mis erratas; que día a día se acumulan, y caí en la conclusión de que tengo una enferma relación conmigo misma. De que estoy hecha de piezas que se unen, forjando nuevas inseguridades y sigo sin lograr entender el por qué de este siempre caminar errante, que me lleva de tumbos por el día a día. Palpé mi ignorancia, cobré conciencia de todo cuanto carezco, lo que he tenido, lo que he perdido y lo poco que soy ante esta universalidad de seres. Si fuera más fácil el desprendimiento de mí, de estos o de aquellos. Si no esperara, ni hiciera de letras los castillos, si olvidara la influencia decimonónica y me adhiriera a la practicidad, los días grises serían más fáciles de sortear, pero me trabo y termino confundiéndolo todo. Me agazapo en el pasado, me recluyo en mi zahúrda y me ahogo de recuerdos. Me quedo callada ante los discursos, atragantada con las palabras que no pronuncié, con las cosas que no hice y con las otras que sí, con el miedo de no haber sido… qué, no lo sé, simplemente no haber sido suficiente.
Me hago y creo en promesas que no sé a dónde irán, si son simples palabras nómadas o que quizá si conduzcan a un sitio futuro, pero siempre he temido a lo desconocido (costumbre rabiante y femenina).
Aunque también hoy en medio de la vorágina hormonal cobré conciencia de que hay demasiadas cosas que no puedo negar, perder o dejar de largo. Por ejemplo, no quiero perderme de un mundo donde ser mujer me brinda un sinfín de estatus y sentimientos en un solo día. Cosa que puede ser provechosa para alguien que goza de la melancolía… es algo inextirpable.

FOTO: Maritza López Navarro

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