Leí por allí que las manías son una ceremonia que esclaviza, un rito que coarta el tiempo y la estabilidad de la persona hasta convertir en problemática la convivencia con ella.
Será por ello que a veces me resulta intolerable convivir conmigo, por el sin fin de manías que arrastro como heridas de una guerra que jamás peleé.
Y me pregunto:
Qué manía de coquetear con tantas cosas a la vez, tan dispares que creo terminaré enloqueciendo en un punto divergente de deseos y me reventaré en ellos porque no sé en que pararán las trescientas cuarenta y dos hojas a medio escribir o las miles de palabras que las llenan. Es probable que terminen perdidas en una memoria que no fue la mía, en un futuro que no sé si les daré, porque le temo a los finales, y al inicio y a mí. Entonces qué hacer con el qué, y el cómo y el quién.. y el cuándo, siempre el cuándo.
Qué manía esta de estar jugando a imposibilidades, a la ruleta rusa. Y justo hoy cuando el temor hecho tentación asoma la cara; lo que quiero puede ser lo que no quiero; o sí pero no en el ahora, pero es tan tangible que me aterra la probabilidad. Y si fuese así? Y si los motivos son incorrectos y si nos damos cuenta que el destino no es más que una espiral de desencuentros y burlas, y si el nosotros no debió existir, porque el nosotros sucedió a destiempo, y si la hiel me sube por el cuerpo y si me muerdo la lengua para no sentir…y si al final no soy yo…y si yo ya no quiero nada más y te quiero a ti? Qué haré con esta manía de dar vueltas y vueltas a las cosas y a mí con ellas?
Qué haré conmigo, mis manías y el temor a perder, porque talvez después el alcohol no baste, ni la poesía, ni los cuentos sean suficientes y mi vida se pierda en la ínfima sal de las marejadas.
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