
Me trasmuto en Lilith, soy la porción de barro que anhela tus manos, soy la que guarda en la memoria las humedades conjugadas, cuando nos guardábamos en medio de paredes y jugábamos a escondernos del tiempo, olvidándonos de los otros, aunque solo fuera por 13 horas y después regresáramos al mundo. Vuelvo a ser la misma que te hacía perder el ánima mientras escuchaba el semen romper en las sábanas y las esquirlas de los vasos rotos caer al piso, me doy cuenta que soy la que al igual que Eva teme al final y al destierro, la que tiembla ante tus manos y desea tus dedos, soy la mujer Fénix que muere y revive ante tu fuego, como Lilith me consumo por dentro y vuelo de noche entre vampiros y seres nocturnos; sí entre esos animales reptantes que el instinto nos vuelve, cuando no nos queda más y nos sabemos perdidos de toda fe, cuando nos olvidamos del amor, cediendo al deseo, a la carne, y volvemos al principio del instinto animal, a comer la fruta prohibida.
Solo que tú me adivinas, me sabes; sabes mi forma, has creado mi forma, me has hecho de tu barro, estoy hecha a tu medida, de tierra, de ganas y de esencia, lo peor es que mi cuerpo guarda los recuerdos de tus manos deslizándose por mí, haciéndome a ti, a tu imagen y desemejanza, es que mi piel de lodo te lleva en su interior, en la memoria descreída que recuerda tus calores y humedades adheridos a mi cuerpo. Lo peor es que sé que aún me deseas y te sé débil, ¿acaso cobarde? Pero también sé, con acidulado sabor que esta noche tu mente vaga caerá en mí y sentirás deseo de volver a mi lado, mientras yo; con alas de cera o reptando entre mi llanto, estaré huyendo de tus lazos, cayendo al deseo por el deseo.
Tragando mis ganas y mis bazas caigo en lucida cuenta que lo peor de tenerte alejado y de perder el sentimiento efímero, equivoco y desleal que llamas amor, es sangrar de a poco las ilusiones que se revuelcan con las lágrimas, aún más que perder la fe a Dios, a mí y vapulear mi dignidad, es escuchar las fibras de mi corazón y cordura rasgarse, al darme cuenta que no lloro ni sufro por el adiós, sangro y me asfixio por darme cuenta estrepitosamente que te he perdido el respeto, por saberte tan débil, tan idiota, tan hecho para el titiritero del “destino” que ya solo lloro por escuchar como se desfragmentan en mí los pedazos de mi alma herida que termina en odio, no, en odio no, más bien creo que es asco, asco de mí de ti y hasta de ella “la Perfecta Eva” con su cara de ángel caído en tentación, siento nauseas y tristeza de saberme casi a punto de caer en la tela de una araña, a la vez río y tiro mis cartas, sé que puedo jugar, apostar para ver hasta donde corres, hasta que punto soportas o si puedo soportar más yo. Aunque ya deberíamos saberlo, ese mismo juego ya lo hemos jugado antes, cuando nadie cedió y ambos perdimos y terminamos a media noche enredados en las sábanas de un hotel, oliéndonos la piel con aroma de sexo, de traición y rencor…
Me da asco saberte frágil a los recuerdos, pero ten en cuenta que el deseo y la pasión son siempre mucho más perdurables e indelebles que la ternura, que son un arrebato huracanado que te hace temblar hasta la médula, te sé tan débil que terminarás siempre, una y otra vez envuelto en las marejadas que te ofrecen los labios que se posan en tu abdomen…mis labios, mis uñas y mi piel. Volveremos al huracán de los sitios distintos el día de mañana cuando pueda verte de nuevo a los ojos y mentir tan bien (que yo misma lo crea) cuando pueda clavar mis uñas en tu espalda sin sangrar el corazón…sabes por qué, porque tengo miedo de no existir por eso me clavo en la pena, en el dolor y te elijo a ti: Pecador Original
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