En silencio, a mitad de la noche,
posa tu luz acechante
en mis labios entreabiertos
—circúndalos, dibújalos.
A oscuras, callado,
ahoga mis sentidos.
Desprende los aromas
de mi piel inalcanzable,
exhalante, suplicante
—ábrela, bébela.
Como resplandor vibrante
ilumina mis resquicios
viértete en ellos y sus caminos,
desliza el húmedo sopor
de tus callados apetitos
—llénalos, sácialos.
Entre relámpagos y tormentas
provoca espasmos de universo,
crea un maridaje de alientos
y un soplo de incendios
—sácialos, abrásalos, inflámalos.
En la inmensidad del silencio
vuelve e incendia mi cuerpo.
FOTO: emv

Cada palabra tiene la fuerza del relámpago, no sólo ilumina, también incendia. RN
ResponderEliminarEspero que sea un relámpago de esos que viven en el imaginario como un deseo inacabado...
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